En una sociedad democrática, el respeto de las ideas es una base fundamental para la cohesión del tejido social. El debate debe generar un diálogo constructivo, no una descalificación a priori en donde se imponga la intolerancia por encima de la razón.
Un debate mal encauzado o claramente manipulado, puede generar que salgan a flote los sentimientos más oscuros de la sociedad; la disidencia, da lugar a la descalificación, al escarnio, a la ofensa y en el peor de los casos al linchamiento social.
Las redes sociales se han convertido en la arena pública, donde lo mismo se dirimen cuestiones banales, que son parte de la vida estrictamente privada de un personaje público, que temas de interés social relacionados con el ejercicio poder.
El grado de polarización generado por ciertos temas, ha obnubilado la razón de mucha gente. Veo con preocupación que algunos militantes o simpatizantes del presidente electo Andrés Manuel López Obrador y del partido MORENA, no logran diferenciar la crítica constructiva que señala las inconsistencias entre la retórica y el plan de gobierno, así como la incongruencia política del partido que ahora incurre en muchas de las prácticas que tanto condenó.

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