Ya no hablamos de morir solo, sino de morir de hambre. Ya no hablamos de paz, sino de aquiescencia como forma de vida. Las noticias quedan huecas cuando de forma contínua hemos leído ayer u hoy que Yemen se muere por la hambruna. No vemos ni tampoco podemos cuantificar qué supone que una población no solo no pueda subsistir, sino que siga muriendo día a día ante los ojos del primer mundo que negocia.
Cumbres y más apuestas por solucionar una tragedia que existe desde hace ya casi cuatro años. Ataques de los rebeldes hutíes que lanzan misiles en respuesta a otros ataques aéreos de la coalición contra los territorios controlados. Bombas y más muertes de niños y civiles que no lloran su llanto, sino la desesperación de no poder salir de ahí.
¿Hablamos de Yemen? ¿hablamos del hambre? ¿seguimos hablando en conferencias del hambre y de la paz? ¿Hacemos algo o somos responsables de esas muertes en pleno siglo XXI?

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