dimarts, 4 de desembre del 2018

Enteramente atrofiados


Fue algo más que un lapsus linguae. Aunque luego lo rectificó tras el escándalo creado, el recién estrenado secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Luís Argüello, mostró en su intervención lo más profundo y auténtico de su ADN. Era la primera vez que actuaba en calidad de tal y hablaba de las normas de selección de los nuevos sacerdotes: “Pedimos varones célibes... que se reconozcan y sean enteramente varones y, por tanto heterosexuales”. Ni siquiera parpadeó. Le salió todo de carrerilla. Luego dijo aquello de “donde dije digo, digo Diego”, pero sonó a hueco.


Declaraciones del secretario general de la Conferencia Episcopal Española

Poca gente ha señalado sin embargo que, junto a los homosexuales, aquella afirmación se refería también, en negativo, a las mujeres. Porque, a los efectos de la formación sacerdotal, lo mismo que los homosexuales no son enteramente varones, las mujeres parecen no ser ni siquiera enteramente personas, puesto que, sean heterosexuales, bisexuales o lesbianas, célibes o no, nunca serán tenidas por aptas para el sacerdocio católico.

Subgénero humano éste de segundo orden, procedente de una costilla de varón y fuente de tentación y pecado, original y de los otros, tal como lo afirman las Sagradas Escrituras, las mujeres son las cribadas sin excepción alguna en las oposiciones a cura



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