La selva amazónica es un área geográfica privilegiada en nuestro planeta tierra, donde la magia y el misterio de la madre naturaleza se unen en una relación sagrada con el hombre.
Y es precisamente en las selvas amazónicas donde crece silvestre la graviola o guanabana. Este es un árbol nativo de Sudamérica, que crece especialmente en Perú y Brasil, y también se encuentra en algunas regiones tropicales de África y el sudeste asiático.
Su nombre científico es Annona muricata y su aromático fruto, parecido a una chirimoya, es comestible y consumido por las diferentes poblaciones locales, donde constituye una importante fuente de nutrientes y vitaminas. De hecho existe evidencia arqueológica de que ya se consumía en época precolombina en Perú, y también por los incas.
La graviola tiene interesantes propiedades para la salud, por eso se ha popularizado en los últimos años como remedio natural para diferentes enfermedades, como virus, inflamación, trastornos digestivos e incluso cáncer. Este fruto es rico en ácido ascórbico, láctico, málico y cítrico. Contiene también vitaminas y minerales como el hierro, magnesio, calcio, fósforo, y vitaminas A, B1, B2, B3, B5, B6 y C.

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