dilluns, 31 de desembre del 2018

Latinoamérica y el redil atlántico


A fines del año 2013, el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) escribió su primer documento a modo de acta de nacimiento: “América Latina, de la década ganada a la década en disputa”. En el texto se hacía referencia a un informe del Consejo Atlántico, The Trilateral Bond: Mapping a New Era for Latin America, The United States, and Europe (El vínculo trilateral: inspeccionando una nueva era para América Latina, Estados Unidos y Europa), en el que se manifestaba, literalmente, que había “un deseo de incorporar a este bloque (América Latina) al redil atlántico […] en base a sus comunes raíces occidentales en términos estrictamente liberales: derechos individuales y mercados abiertos”. Este deseo se constituyó, desde ese entonces, en una prioridad en la política exterior de los Estados Unidos y la Unión Europea. Dicho y hecho.




Casi cinco años después, podemos afirmar que no le dimos la suficiente importancia a lo que envolvía dicho deseo. Quizás, creímos que todo sería irreversible y que los momentos felices serían interminables. El cambio logrado fue tan gigantesco que pensamos que habíamos transformado todo. Indudablemente, hubo muchas cosas que sí cambiaron, pero otras no. Y fue justamente sobre nuestras debilidades, sobre aquello que aún no se logró cambiar por completo, sobre lo que la estrategia para atraernos hacia el redil atlántico hizo mayor hincapié.

En este contexto de fuerte restricción externa, el acceso al crédito es concebido como el gran maná para muchos países latinoamericanos. Esa “ayuda” es un mecanismo firme y eficaz para forjar la deseada dependencia atlántica. La nueva deuda externa latinoamericana está íntimamente relacionada con el boom de emisión de la Reserva Federal de los Estados Unidos y del Banco Central Europeo. Quienes tienen un exceso de liquidez están deseando colocarla en lugar seguro y rentable, con el ánimo de generar una espiral interminable: deuda que contraiga más deuda futura. Y, además de la cuestión financiera, los grandes acuerdos económicos (comerciales, tratados bilaterales de inversión, de propiedad intelectual) también sirven como fórmulas efectivas para que las economías latinoamericanas se inserten en el redil atlántico.

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