Hoy cuando todo mundo le saluda, yo me planto ante usted desde este texto que es más que un saludo, aunque intrínsecamente lo sea, es un reclamo por la patria, por esta Honduras diezmada, por este pueblo asesinado, por esta tierra sin ley. Honduras necesita de usted, hoy más que nunca, de lo que mejor sabe hacer, de eso que hace con amor, del compromiso que asumió, de su don de enseñanza y sobre todo de su enseñanza liberadora.
Si usted no educa para la revolución posible, usted educa para la esclavitud moderna. Y eso no es panfleto. Es reclamo, es ruego, es súplica de rodillas ante usted que es educador o educadora. De una u otra manera todos somos producto de su sabiduría, de su labor, del contacto con usted. Y en el fondo, aunque algunos muy en el fondo, todos reconocemos la influencia que usted, profesor o profesora tiene en nuestras vidas.

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