El año comenzó con Wall Street en el centro de la escena. El núcleo de las finanzas internacionales tuvo en 2018 su peor año desde 2008, a juzgar por el rendimiento de sus acciones. El índice Dow Jones cayó 5,6%, el S&P 500 6,2% y el Nasdaq 4%. En particular, se registró el peor diciembre desde 1931, con caídas en estos índices sólo en un mes de 8,7%, 9% y 8,9%[1]. Tras los sucesos de diciembre y los riesgos financieros consecuentes, el mundo entra al 2019 con una incertidumbre mayor a la de los últimos años.
Lo que pase en el mercado financiero internacional tiene un gran impacto en las propias economías centrales pero también en la región, por eso un análisis de lo que está sucediendo tiene particular interés para entender los riesgos del año que empieza. Vale la pena preguntarnos ¿continuará la inestabilidad financiera a nivel internacional? ¿Cuáles son los riesgos a nivel mundial? ¿Por qué esto puede impactar en la región? ¿Cómo se encuentra preparada la región para enfrentar un contexto financiero adverso?
Entre las causas que explicarían la caída de las bolsas en diciembre se destacan la ralentización del crecimiento mundial y el anuncio de la Reserva Federal (FED) de octubre de acelerar la tasa de interés (lo que profundizaría la ralentización del crecimiento y generaría nuevas inestabilidades financieras). Lo ocurrido en 2018 no anticipa una crisis inminente, pero sí enciende una señal de alarma

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