“Actuar con pensamiento crítico ante los sesgos y no ver la divergencia interna de ideas como un enemigo es imprescindible para ser coherente con unas ideas progresistas”.
El ser humano está predispuesto fisiológicamente para aceptar las mentiras que se adaptan a su código de valores, creencias e ideas. Puedes luchar contra ese impulso humano asumiendo que el pensamiento crítico es el único camino para el conocimiento, pero esa pulsión siempre aparecerá en algún momento en el que estés con la guardia baja. Entonces tocará enmendarte y rectificar, disculparte y reconocer que estabas equivocado. Ese ejercicio de manera continuada es agotador, una revisión constante de tus ideas y opiniones –porque nos equivocamos continuamente– no hay ego que lo soporte.
El cerebro humano para aguantar esta continua tensión creó lo que denominamos mecanismos de defensas del ego. Una solución que plantea nuestra fisiología para superar la ansiedad que nos provoca vernos continuamente enfrentados a hechos que contradicen nuestros valores e ideas. Los sesgos de confirmación, la conformidad social o la disonancia cognitiva son algunos de los tipos de mecanismos de defensa que nos ayudan a discrecionar la verdad para adaptarla a nuestras necesidades.
Todos creemos que nuestra manera de comprender el mundo es la mejor, nuestra ideología, valores y creencias. En la izquierda, que la razón forma parte sistémica de su ideología –o debiera si atendemos al materialismo–, es más difícil asumir las equivocaciones porque no existe el colchón de la fe. Repito que es lo que debería ocurrir. Pero cada vez existen más indicios para ver que los hechos y la realidad no son una variable en la ecuación política de la izquierda.

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