En Europa capea a sus anchas el materialismo y hace tiempo que fue proclamada la muerte de Dios por los filósofos más connotados. Pero en Latinoamérica la cosa es de otro color pues la fe ciega en el padre creador y su hijo Jesucristo es el pan nuestro de cada día. Aunque la religión Católica, tradicionalmente mayoritaria, ve amenazada su hegemonía por las sectas cristianas. En países como Guatemala, Honduras o el Salvador, ya los han desbancado; y en otros como Colombia, el Perú, Ecuador, México o Brasil su crecimiento es imparable y no tardarán mucho tiempo en superarlos.
La religiosidad es uno de los cimientos más importantes del ser humano y como tal un filón explotado a destajo por las religiones. En nombre de Cristo y la salvación de las almas se obtienen inmejorables réditos económicos. La industria de la fe se ha convertido en un artículo más de consumo, el negocio más lucrativo, pero también el más peligroso para la salud mental de los creyente
La imposición del catolicismo provoca un trauma espantoso entre los nativos pues tienen que renunciar a su ser; a sus nombres y apellidos, a sus dioses, a su lengua y hasta su piel. Lo primero: arrepentirse del pecado original porque son culpables y deben ser purificados con las aguas del bautismo. Los misioneros creían que estaban poseídos por el demonio y no había otra opción que exorcizarlos. Aplicaron el ingenioso método de sembrar el terror para que los condenados confesaran sus pecados. Tamaña empresa contó con la inestimable ayuda de la inquisición que perfeccionó las artes de la tortura facilitando tan nobles propósitos.
En Latinoamérica el pueblo es muy proclive a la dependencia espiritual y afectiva. Necesitamos imperiosamente alguien que nos guíe en este “valle de lágrimas”, un caudillo que nos devuelva la esperanza, un redentor que nos colme de bendiciones. De ahí que las sectas hayan triunfado al cederle el protagonismo a los devotos. La eucaristía es una verdadera fiesta amenizada por grupos musicales donde éstos se sienten parte de una gran familia que los respalda y protege. Prometiendo el oro y el moro proliferan las iglesias adventistas, Bautistas, Evangélicas, Mormones, Testigos de Jehová, Niños de Dios, Pentecostales, Cuadrangulares y una interminable lista imposible de reseñar en esta crónica.

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