dissabte, 23 de febrer del 2019

FRONTERAS: Donde se detuvo la caravana


Miles de solicitantes de asilo que viven en refugios en la frontera de México-Estados Unidos enfrentan un futuro incierto. Miles más se dirigen al norte. Un informe desde Tijuana.

El cierre del Gobierno federal ha terminado, al menos temporalmente, en una miserable derrota del presidente Trump. No logró asegurar fondos para su muro fronterizo, y no parece que vaya a haber ninguno próximamente. Como suele ocurrir, el cierre prolongado eclipsó otra historia de inmigración que Trump había llevado a la cima del ciclo de noticias apenas un par de meses antes: la caravana de unos 6.000 migrantes centroamericanos que se dirigían hacia Estados Unidos.




Llegaron a Tijuana en noviembre para encontrarse una frontera menos hospitalaria de lo que se les había hecho creer: un retraso preexistente significaba que no se les concederían audiencias rápidas de “temor fundado” para iniciar el proceso de solicitud de asilo, con listas de espera que en algunos casos se extendían durante meses. Algunos intentaron cruzar la frontera de todos modos, otros se fueron a casa, pero la mayoría esperó, deambulando entre refugios improvisados en una ciudad abrumada por los recién llegados.

El panorama de los migrantes empeoró el 20 de diciembre, dos días antes de que el cierre entrara en vigor, cuando la administración Trump anunció que a los que esperaban las audiencias de asilo ya no se les permitiría entrar a Estados Unidos después de la entrevista inicial de “temor fundado”, como ha sido tradicionalmente el caso. En cambio, se verían obligados a permanecer en México. El 25 de enero de este año, esa política comenzó a entrar en vigor con una iniciativa piloto en el cruce de San Ysidro entre Tijuana y San Diego. 

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