Jean Betrand Aristide, el primer presidente electo democráticamente en Haití, fue derrocado en 2004. El éxito del segundo golpe en contra de su Gobierno se logró con la aquiescencia de una comunidad internacional, condicionada por los intereses de Francia (apoyada por Estados Unidos), que no iba a aceptar la exigencia de la reparación histórica que anunciaría el mandatario haitiano. Aristide fue obligado a abandonar su país tras un golpe de Estado que llevó al país a una crisis económica, política y humanitaria sin precedentes.
Después de la intervención militar que puso a Boniface Alexandre en el poder provisionalmente, se creó Misión de Estabilización de las Naciones Unidas para Haití (MINUSTAH) por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en 2004, con los objetivos de: “estabilizar el país, pacificar y desarmar grupos guerrilleros y delincuenciales, promover elecciones libres e informadas y fomentar el desarrollo institucional y económico de Haití”[i].
Varios informes de Oxfam, entre los que se encuentran El lento camino hacia la reconstrucción[ii]y el reportaje MINUSTAH, la vieja enemiga de Haití[iii], relatan el impacto de la tragedia del país, cuya gran brecha social mantiene a millones de ciudadanos en la extrema pobreza y a una pequeña élite local (y otra internacional) como única(s) beneficiarias de los activos orientados a la ayuda a los haitianos.

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