dilluns, 25 de febrer del 2019

Para la guerra, nada


por Javier Tolcachier

El que espera desespera,
dice la voz popular.

¡Qué verdad tan verdadera!
La verdad es lo que es,
y sigue siendo verdad
aunque se piense al revés.

Antonio Machado, Campos de Castilla, Proverbios y Cantares XXX



Imagino que el maestro andaluz bien podría haber recitado este poema en el “tablao” abierto del concierto “Para la Guerra Nada”, en el lado venezolano del puente Las Tienditas. Mientras tanto, a pocos cientos de metros, la vulgaridad pop revestida de atuendos níveos en el intento de confundir oscuras intenciones, se desgañitaba para hacer creer al mundo que su objetivo es ayudar a los pobres de Venezuela. Ese concierto, al otro lado de la frontera estatal y moral, fue organizado por ricos como el billonario empresario Branson, quien se mudó a las Islas Vírgenes Británicas – uno de los principales paraísos fiscales del mundo – para no pagar impuestos, o sea, para estafar a los pobres a quienes ahora dice querer ayudar.





Pobres que sin embargo, a pesar de la dificultad manifiesta producida por la guerra político-económica desatada contra la Revolución Bolivariana, siguen dando la espalda a quienes envueltos en banderas extranjeras piden a gritos una invasión armada.

Pobres, a quienes la misma revolución sacó del analfabetismo, de la falta de establecimientos públicos de salud cercanos, a quienes facilitó estudio, a quienes ofreció vivienda digna, a quienes cobija en la vejez y a quienes invita a ser protagonistas de su propia libertad.

Libertad que tiene en esas tierras un significado diferente a la “liberty” del Norte



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