Ayer mismo, un grupo de jóvenes activistas se manifestaba ante el parlamento belga y pasaba la noche allí acampado para denunciar la pasividad de los políticos y exigir acción urgente contra el cambio climático. Estas acciones protagonizadas por jóvenes en cualquier país del mundo se han convertido ya en cotidianas. Desde que la adolescente sueca Greta Thunberg iniciara sus huelgas climáticas los viernes en la puerta de su escuela, las movilizaciones han ido a más. Su reclamación es tan sencilla como justa pero, al parecer, muy difícil de poner en práctica. Su mensaje: queremos poder vivir en este planeta; no hay planeta B. Demasiados intereses económicos a corto plazo impiden que el cambio empiece.
divendres, 29 de març del 2019
Día mundial del clima: el cielo no puede esperar
Ayer mismo, un grupo de jóvenes activistas se manifestaba ante el parlamento belga y pasaba la noche allí acampado para denunciar la pasividad de los políticos y exigir acción urgente contra el cambio climático. Estas acciones protagonizadas por jóvenes en cualquier país del mundo se han convertido ya en cotidianas. Desde que la adolescente sueca Greta Thunberg iniciara sus huelgas climáticas los viernes en la puerta de su escuela, las movilizaciones han ido a más. Su reclamación es tan sencilla como justa pero, al parecer, muy difícil de poner en práctica. Su mensaje: queremos poder vivir en este planeta; no hay planeta B. Demasiados intereses económicos a corto plazo impiden que el cambio empiece.
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