divendres, 29 de març del 2019

MÉXICO Cuando López Obrador ha de elegir entre traicionar a 30 millones de personas o apostar por Zapata y su revolución


El próximo 10 de abril se conmemorará el Centenario del asesinato de Emiliano Zapata. Figura clave de la historia contemporánea de los Estados Unidos Mexicanos. La influencia del revolucionario que cabalgó los diferentes estados mexicanos para liderar un ejército que pusiera en el centro de las luchas revolucionarias el reconocimiento de los pueblos indígenas y la recuperación de sus territorios para recuperar la propiedad comunal de sus tierras y su libertad es tan indudable, que al poder le sigue haciendo falta adueñarse de este campesino revolucionario para maquillar sus planes económicos y sociales que seguirán expropiando los territorios y las vidas a sus propietarios, los Pueblos Originarios.




Por eso, los macro-proyectos que ha vendido AMLO como “salvadores” de la maltrecha economía mexicana, para los Pueblos y las Comunidades Indígenas son en realidad proyectos de destrucción. Porque lejos del proyecto Revolucionario o de la Cuarta transformación social, desde luego no de abajo a la izquierda, siguen siendo proyecto de expropiación, extractivismo y colapso. Terminar de apropiarse de los territorios indígenas que viven en armonía y respeto con el medioambiente, no solo significa la apropiación y el robo de sus territorios y medios de vida. En el caso de las comunidades indígenas, su vida está indeleblemente ligada al territorio, como medio de subsistencia, pero también desde una cosmogonía y relación de respeto ecologista de incalculable valor. Pero esta simbiosis con el territorio también ha configurado su modo de organizarse, de autogestionarse desde la Comunidad, no solo de la propiedad comunal de los terrenos, de la milpa, sino también de los modos de autoorganizarse, de gestionar los conflictos desde la responsabilidad y el resarcimiento, del cuidado y apoyo mutuo, de la solidaridad, la responsabilidad y la ética. Por ello, más allá de la gravedad del irreversible colapso medioambiental, la destrucción de “las sociedades en movimiento”, de la cultura, de las comunidades, es otro exterminio que no puede pasar en silencio. 

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