No cabe duda, el conflicto venezolano tiene una dimensión geopolítica irreductible a la lógica binaria schmittiana amigo-enemigo. El anti-imperialismo es el último bastión de unidad posible para el gobierno encabezado por Nicolás Maduro (sin duda, el presidente elegido bajo la legalidad constitucional en curso). Pero esto no debe llevarnos a reducir la conflictividad social a la simple polarización imperialismo-nacionalismo. Hay más. Las dinámicas de las distintas regiones históricas de Venezuela están sujetas a profundos cambios en las relaciones de poder, y ello incluye los vínculos con los procesos de acumulación global y la medida geopolítica del capital en curso.
Esto nos lleva a plantearnos la factibilidad de una invasión estadounidense a Venezuela. Si bien es cierto que Washington nunca descarta esa posibilidad en su acción como potencia hegemónica, no siempre puede abrir la puerta a una invasión cuando le plazca al presidente de turno. Se necesita una alineación de los factores de poder interno (no pensemos que dentro del imperio más poderoso del mundo todo es homogéneo), así como un panorama geopolítico favorable: dos cuestiones que no están dadas de hecho en el momento actual. Sin embargo, vale la pena revisar las hipótesis en curso. Como toda hipótesis, se trata de tendencias sujetas a procesos de contrastación.
Hipótesis I, invasión y cambio de gobierno.
Hipótesis II, desestabilización interna y cambio de régimen por la fuerza.
Hipótesis III, salida pacífica de la coyuntura, incremento de presiones diplomáticas y de los problemas económicos.
En los tres escenarios el resultado será el aumento de la conflictividad social interna en Venezuela, así como de la tensión diplomática internacional.

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