divendres, 5 d’abril del 2019

Adicciones: A más móvil, menos amigos y más estrés



Las miradas se encuentran fijadas en los teléfonos inteligentes no importa dónde, no importa con quién. Si vas a una estación de metro no hay sino ojos que convergen en un aparato en donde se escucha música, se ve una serie o se habla con un amigo. Todo en uno, todos pendientes del móvil.

Todo existe y todo se encuentra en ese aparato sin el que no podemos seguir porque no sabemos cómo se mira ya una flor o cómo se contempla un amanecer. El móvil nos genera una vida en la que participamos en cada instante y somos protagonistas de una historia; bien porque nos fotografiamos; bien porque narramos qué hacemos; bien porque somos testigos de lo que está sucediendo y en forma de crónica hacemos que nuestros “amigos” lo vean.




No somos capaces de percibir lo que nos rodea. Usar el móvil de un modo compulsivo hace que se tengan menos amigos y se genere más estrés, una contradicción en sí misma que ya está trayendo consecuencias en la sociedad, no importa la edad, importa si sucede.

Lejos de apoyar una mayor interacción con otras personas, las relaciones que se establecen con el móvil son muy superficiales, no comprometen a nada y se genera un menor apoyo social en momentos duros como son la enfermedad, la vejez, el paro, etc. Por otro lado, los niveles de adicción generan una incapacidad manifiesta de seguir adelante en el día si no se revisan los mensajes, los estados de los amigos, o no se publican imágenes nuestras, de ahí que se consulte el teléfono de 150 a 200 veces al día porque tenemos la obligatoriedad de saber de los demás para que los demás, nos sigan.

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