La ley del granate dice que al indio y al coyote se les mate. Era un anuncio fijado con papeles colgados en las cercas de tierras mexicanas y que todavía parece sutilmente vigente en algunas partes la inmensa Colombia, que se niega a reconocer que sus problemas políticos y sociales tienen sus bases en la desigualdad y en sus maneras de gobernar autoritarias y excluyentes, de las que emanan como decretos, imaginarios de que unos humanos son más que otros, que la ley y la justicia es para pocos y que los derechos son el privilegio de quienes pueden comprarlos en el mercado abierto de especias.
El mapa indígena nacional, es más complejo de lo que muestran los periódicos y noticieros comerciales y oficiales, que siguen la misma matriz del capital y sus financistas, que a toda gota de sufrimiento y sangre le sacan valor agregado. La capacidad de resistencia de los 100 pueblos indígenas, no cabe en la lógica del poder hegemónico, que se niega a comprender, que los indígenas existen, son enteramente humanos, tienen ideas, están dispuestos a hacer la revolución que aún no han hecho, y tienen autoridades y gobierno propio, son constitucionalmente reconocidos en un país diverso, multicultural y de pluralismo jurídico. Los indígenas sin ser más, dan lecciones de ética, ecología y política y superan de lejos los modos tradicionales de acción del poder participativo y democrático. Cuando hacen la minga, lo primero son sus pueblos y la solidaridad y lo que conduce la movilización es la idea del bien común, no del beneficio particular.

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