La lucha tanto política como empresarial por el dominio de las redes 5G entre China, Estados Unidos y Europa es el trasunto de un enfrentamiento geopolítico de consecuencias imprevisibles que tendrá efectos en América Latina.
Las infraestructuras digitales de quinta generación de Internet o 5G constituyen un codiciado elemento tecnológico, económico y político por cuanto están llamadas a convertirse en la funcionalidad de un nuevo mundo. Tiene que ver con la operatividad de los coches sin conductor; la conexión para disponer de todos nuestros aparatos de uso diario mediante control remoto; obtener y suministrar datos; desarrollar la sensorización del cuerpo humano, lo que dará un vuelco a la medicina en la curación de todo tipo de patologías; en fin, es lo que hará posible una nueva sociedad a corto y mediano plazo.
Desde el punto de vista tecnológico, no hay ninguna duda de que China se perfila como una gran amenaza para sus rivales estadounidenses y europeos. Según la consultora Eurasia, las empresas del gigante asiático poseen el 40% de las patentes esenciales de las redes 5G.
China ha emprendido un proyecto global de transportes sin parangón en la historia. Lo que hace apenas unos años comenzó con un discurso del presidente Xi Jinping sobre revitalizar la antigua Ruta de la Seda, se ha convertido en el mayor desafío de la economía mundial, una revolución total en las infraestructuras de tránsito de pasajeros, mercancías, hidrocarburos y alta tecnología. Denominado Un cinturón-una ruta (One Belt-One Road, en inglés), el plan pretende ser la clave del encumbramiento de China como súper potencia.

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