dimarts, 2 d’abril del 2019

MEXICO: A 500 años de la caída de Tenochtitlan, “Hermanarse en la reconciliación”



Como nación independiente ahora, México cuenta entre los más grandes agravios cometidos en su contra, cuando menos con dos grandes heridas que no cierran: la conquista española que se extendió por ¡tres largos siglos!, y la invasión de su territorio por parte de los Estados Unidos de América que le fincó nuevas fronteras.

Ambas acciones, bien planeadas y desarrolladas por sendos imperios: el primero, español que recién estrenaba su aventurerismo por los mares, a finales del siglo XV; el segundo, norteamericano que se apresuró a consolidar desde mediados del siglo XIX, primero territorialmente sobre suelo mexicano y luego lanzarse al control del continente tras la confronta con la España trasatlántica y los procesos independentistas.




Ambos acontecimientos que ocurrieron a lo largo de los siglos, subsisten en la conciencia de los mexicanos, el primero como choque entre dos culturas —jamás “encuentro” porque nunca fue pacífico, siempre violento—; el segundo, cual robo que cercenó al país más de la mitad de su antigua extensión territorial.

De ambos temas se habla poco o nada, tanto en México como España y EUA. En México por el servilismo, el sometimiento o la subordinación de las elites liberales y conservadores a lo largo de la historia. En los otros dos países, España y EUA, por pura conveniencia. Al contrario, en la práctica no se alejan nunca.

Siquiera el calendario donde el tratamiento es vergonzante. Las efemérides —la versión siempre oficial— del 2 de febrero de 1848 cuando México pierde “más de la mitad de su territorio”, se aclara que fue en cumplimiento de la “doctrina del destino manifiesto”, que EUA gana la guerra y México la pierde. Antes, sobre el 13 de agosto cuando “Hernán Cortés conquista Tenochtitlan y hace prisionero a Cuauhtémoc…”, como por asares del destino, por la cruz y las espadas, el catolicismo español.

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