El empuje de movimientos como Fridays for Future y Extinction Rebellion ha conseguido que gobiernos e instituciones declaren el “estado de emergencia climática”. A pesar de ello, las últimas cifras de descarbonización de España y la UE quedan lejos de una acción radical para frenar el calentamiento global.
Cada semana se conocen nuevos y devastadores datos sobre las consecuencias del cambio climático. El último, el informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) de la ONU. Salía a la luz el 6 de mayo y denunciaba el aumento “sin precedentes” de las tasas de extinción de especies, un fenómeno conocido como la Sexta extinción masiva de biodiversidad que, como remarcaba el organismo, “se está acelerando”.
Las cifras que pone sobre la mesa el organismo de Naciones Unidas son contundentes: un millón de especies está en peligro de extinción, lo que, de producirse su desaparición, aceleraría aún más el desequilibrio de la biosfera de la que dependen todos los seres vivos del planeta para sobrevivir. El cambio climático, por supuesto, se encuentra detrás de las causas de este declive junto a toda una serie de factores que tienen al ser humano como causante: los cambios de uso de la tierra y el mar, la introducción de especies invasoras y la explotación directa de todo tipo de organismos, principalmente.

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