En Colombia queremos salir de la guerra; a Venezuela la quieren meter en ella. Sectores poderosos (internos y externos) que han vivido del conflicto armado se han confabulado para regresarnos al pasado. Ellos se opusieron y sabotean el proceso de paz porque éste puso la Verdad como elemento central a fin de colocar en igualdad de condiciones a todos los actores que cometieron crímenes y delitos en el marco de la guerra irregular. Y la verdad para ellos no significa tanto la cárcel como el riesgo de perder poder económico y político.
No es difícil identificar quienes son ellos y porqué actúan como lo hacen. Quienes están comprometidos con los crímenes cometidos por el paramilitarismo ya sea como actores directos o como terceros colaboradores, no les interesa la Verdad. Ellos tienen mucho qué perder. Y quienes están interesados en escalar el conflicto regional quieren someter nuevamente a Cuba, presionan de frente y por debajo de la mesa para convertir a Colombia en la punta de lanza contra Venezuela, y preparan abiertamente la guerra en la región.
La burguesía globalista representada en Colombia por Santos sabía que los terratenientes despojadores de tierras no iban a transar. Creyó que al desarmar a la “guerrilla más antigua del mundo”, se podría desencadenar un proceso que obligara a los sectores enfrentados a mirar hacia adelante y “mejorar” los acuerdos para superar diferencias. Pero, no logró debilitar la fuerza política de quienes adversaban los acuerdos, y, por el contrario, con su “demagogia pacifista” (alentada y compartida por las Farc), los fortaleció al grado que recuperaron el gobierno.

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