Si existe en América Latina un país más vapuleado y humillado por el intervencionismo norteamericano, durante el pasado y presente siglo, ese país es Guatemala.
País tropical con abundantes tierras fértiles y agua dulce que podrían saciar el hambre y la sed de toda Centroamérica. Pero, es el país, en este momento, más empobrecido y desnutrido de toda América Latina, después de Haití.
El mayor daño que causó esta condición de colonialidad continuada no es tanto en lo material (ocupación, despojo, golpes de Estado, etc.), sino a nivel moral, espiritual e intelectual en las grandes mayorías de su población. Sí. Se configuró y afianzó en el imaginario colectivo e individual del guatemalteco humillado, indígena o no, la creencia de: “Nuestro redentor vendrá de los EEUU”. La condición de colonialidad se grafica en el amor/deseo que el colonizado tiene por su verdugo. A mayor nivel educativo, mayor es la condición de colonialidad.
Esta creencia, consciente o inconscientemente se materializa en las conductas, emociones, sentimientos y categorías de análisis que vierten analistas y opinadores en los medios corporativos y en las redes sociales.
Los gobiernos norteamericanos, mediante las iglesias pentecostales y las ONG financiadas por la USAID (que ahora financia casi a la totalidad), instauraron en el imaginario guatemalteco las “infalibles” verdades sobre las bondades del sistema neoliberal, y sobre la benignidad de la “ayuda norteamericana”

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