Desde hace ya 6 meses vivimos un pulso intenso entre este movimiento que, como dijo G. Mordillat, desnudó al Rey(dejando al descubierto su esencia represiva y al servicio de las elites, muy lejos del discurso pre-electoral) dispuesto a transgredir no sólo los derechos humanos elementales sino también la norma legal vigente y los tradicionales criterios de mantenimiento del orden, tal y como denuncian ciertos sectores de la policía. Todo ello con la inestimable colaboración de los grandes media, que ni se ruborizan cuando su servilismo hacia el poder queda al descubierto.
Es un pulso en el que los media y el poder juegan a aislar el movimiento y, sobre todo, se benefician de que en la izquierda social y política no se ha planteado hasta el presente una reflexión en profundidad para dar respuesta a una ofensiva tan grave como la que estamos viviendo. Una izquierda social y política –que salvo excepcioes–, siguiendo actuando como siempre, como si nada hubiera cambiado. Una muestra de ello es la imagen que proyecta de cara a las elecciones Europeas.
Este pulso se da entre la lógica de libertad, seguridad y progreso que proclama Macron para Europa y la lógica de libertad, igualdad y fraternidad que defienden los chalecos amarillos, que reclama la tradición de las revoluciones de 1789, 1871, 1830, 1848 y no olvida 1968.

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