diumenge, 28 de juliol del 2019

Argentina. 26 de julio se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Evita, conciencia y mística de la revolución peronista


Para quienes ignoran su historia, sus raíces, su vida pública, sus valores y la causa por la cual brindó su vida en patriótico holocausto, es fundamental recordar que, María Eva Ibarguren nació en un hogar humilde, en los Toldos (provincia de Buenos Aires) el 7 de mayo de 1919, hija de Juan Duarte y de Juana Ibarguren y que, apenas vivió 33 años, lo suficiente para convertirse en abanderada de los más humildes.

A Eva Perón no la evocamos por su breve vida artística, descalificada sin éxito por mendaces detractores y distorsionada con fines comerciales por mediocres productores de obras teatrales y cinematográficas, sino, por su vida pública, por su entrega total y absoluta por la causa de la justicia social para los desposeídos y en particular para los trabajadores de la Patria que, el 22 de agosto de 1951, catapultaron su candidatura desde la central obrera única para la Vicepresidencia de la Nación, en un cabildo abierto de más de un millón de almas. Un hito popular no superado en los anales de la historia patria y del continente.




No ocupó cargo público alguno y gran parte de su obra se centró en la Fundación que llevó su nombre: la Fundación Eva Perón. Desde una oficina ubicada en la Secretaría de Trabajo y Previsión, llevó a los cuatro puntos cardinales de la Patria una obra social maravillosa, sembrando viviendas para los trabajadores, policlínicos, hogares-escuelas, hogares de tránsito, de ancianos y de niños.

La mujer argentina de nuestros tiempos le debe a la infatigable lucha de Eva Perón, el derecho al sufragio y a la participación en los cargos públicos electivos y no electivos, algo reservado con exclusividad hasta mediados de los 40 a los hombres, un privilegio exclusivo y discriminante que signó a la decadente partidocracia liberal que precedió al Peronismo, en suma, a participar de la vida política

Así se hizo realidad tangible las banderas revolucionarias del 17 de octubre de 1945. Reivindicando el valor histórico de la medida, sostenía Eva Perón en aquellos días: “Ha llegado la hora de la mujer que comparte una causa pública y a muerto la hora de la mujer como valor inerte y numérico dentro de la sociedad. Ha llegado la hora de la mujer que piensa, juzga, rechaza o acepta y a muerto la hora de la mujer que asiste, atada e impotente, a la caprichosa elaboración política de los destinos de su país, en definitiva, el destino de su hogar…” (del discurso de Eva Perón de marzo de 1947).

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