Reproducimos su último texto que dio a conocer hace unos días, con motivo de la recaída en su salud
Mi última batalla
El miércoles de esta semana me caí y me rompí la cabeza del fémur de la pierna derecha. Los médicos encararon enseguida la posibilidad de operarme y colocarme una prótesis artificial. Desgraciadamente tuve una crisis respiratoria que les hizo desistir de sus propósitos iniciales porque podría morir en la operación. Los médicos de Reanimación del hospital de Marsella, la Timone, reconsideraron mi situación global y estimaron que probablemente no llegaría al fin de esta semana y que, si lograba ese milagro, sólo después se podría considerar la posibilidad de una futura operación de la pierna. En una reunión de familia con mi compañera de hace sesenta años que estuvo conmigo en todas las situaciones riesgosas y mi hijo, un joven ecologista, anticapitalista muy claro en sus conceptos y decisiones, resolvimos basarnos en la estimación de los médicos. Superar el fin de semana y mejorar mis pulmones: esta podría ser, por consiguiente, mi última batalla.
Desde mi adolescencia defiendo a los trabajadores y al pueblo, los recursos naturales, la relación civilizada y pacífica entre las naciones y la lucha por la democracia que implica enfrentar al Estado burocrático del capitalismo de Estado o del gran capital financiero e industrial. Revolucionarios hay muchos pero pocos se proponen la eliminación del sistema de explotación; aunque en los partidos comunistas, sobre todo en los años treinta y cuarenta, militaron personas abnegadas y de enorme valor, las líneas y el funcionamiento de sus direcciones perpetuaban el sistema capitalista en escala nacional y mundial. Critiqué esas direcciones y esas políticas estalinistas que sobrevivieron en gobiernos y partidos que no eran estalinistas. Discuto francamente y no temo quedar en minoría pero, al mismo tiempo, busco reunir a los revolucionarios anticapitalistas de todas las tendencias con los de mi propia corriente, los marxistas ecosocialistas revolucionarios. Como he dicho en uno de mis libros, soy copernicano, newtoniano, darwinista, marxista, leninista, trotskista, pero de forma laica y sin abandonar la crítica de los errores de los maestros.
Pese a tanto y al terrible peligro que vivimos en escala mundial de destrucción ecológica de las bases de la civilización y de guerra nuclear que haría volver al mundo a la Edad de Piedra, estoy convencido que la Humanidad tendrá un futuro mejor y de la posibilidad de asegurar a todos trabajo, educación, sanidad, un ambiente sano, alimentos y agua de calidad, derechos democráticos, seguridad y respeto para las mujeres y el cese de toda discriminación. Si no pudiese vencer esta batalla difícil que estoy librando, que estas banderas pasen a quienes me siguen en la carrera.
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