Mientras este viernes 20 de septiembre, millones de niños, jóvenes y sus padres o mentores toman valientemente las calles de todo el mundo en 150 países para luchar por el clima; en Awasqa sabemos que, por lo general, los que están en mayor riesgo son quienes a menudo se colocan en la línea de fuego para presionar por el cambio.
En este caso, son los jóvenes que no quieren perder la esperanza, quienes ven a familias enteras desplazadas a su alrededor y que demandan que la acción no puede esperar.
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Greta Thunberg y los Guardianes del bosque
Para los pueblos indígenas, sus demandas de cambio comenzaron hace cientos de años, ya que lucharon, suplicaron y perdieron vidas para mantener a raya el desarrollo devastador: un modelo que en ese entonces se impuso como “civilización” y hoy como “crecimiento económico”. Pero, los pueblos indígenas siguen ahí, donde han estado siempre.
Aunque hoy representan apenas el 8% de la población global, protegen el 80% de la biodiversidad del planeta según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Para ellos no hay otro método de sobrevivencia que defender el agua, la tierra y el territorio.
El nivel de agresiones, acoso, desalojos, despojo y asesinatos que sufren los ambientalistas que defienden las comunidades indígenas es con mucho, superior a la incidencia de represión que sufre en general todo el movimiento social que lucha por sus derechos. Hoy, defender a la Pachamama se ha convertido en una actividad de alto riesgo.
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