dijous, 26 de setembre del 2019

La irreversible (pero laboriosa) construcción de un orden multipolar


Ismael Hossein-zadeh, economista kurdo nacido en Irán y profesor emérito de la Drake University (Iowa) se preguntó en un posteo reciente porqué China, India, Rusia y otros países no desafían la tiranía que EEUU ejerce sobre las instituciones que monitorean, regulan y controlan el funcionamiento del sistema económico y financiero internacional como el FMI, el BM, la OMC, el Banco de Pagos Internacionales (Basilea) y la Sociedad para la Telecomunicación Financiera Interbancaria Mundial (SWIFT, por su sigla en inglés).[i]

Lo que señala es una llamativa y a la vez preocupante paradoja: el unilateralismo infinito que entonaban los himnos del “nuevo siglo americano” ha llegado a su fin y es irreversible. En lo económico, en la política internacional e inclusive en el terreno militar aquellos sueños que, por su infantilismo, provocaban la sonrisa burlona de Zbigniew Brzezinski se desvanecieron para siempre.




China es hoy la locomotora económica del planeta, Rusia ha resurgido de las cenizas producidas por el derrumbe de la URSS y la India se ha convertido en una potencia tecnológica y económica de primer orden. Sin embargo Washington retiene el monopolio de las cruciales instituciones que fijan las reglas del juego y organizan el funcionamiento de la economía internacional. En un mundo cada vez más policéntrico Estados Unidos aún conserva, en ese plano institucional, el poder y las prerrogativas que adquiriera en la construcción del orden mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial. Poder y prerrogativas que le permiten, por ejemplo, aplicar severas –en algunos casos criminales- sanciones económicas a países cuyas riquezas Washington desea apoderarse (Venezuela, Irán, Irak); a duros competidores globales como China o Rusia; o a países como Cuba, Siria, la República Popular Democrática de Corea considerados pésimos ejemplos sea por su autodeterminación nacional, sus logros en materias sociales y culturales, o su importancia geopolítica. 

La respuesta que ofrece Hossein-zadehse bifurca en dos argumentos. Uno: la coincidencia clasista entre los intereses de las nuevas oligarquías de los países que constituyen el núcleo fundamental del sistema policéntrico -los supuestos “challengers” del orden imperial- con los de sus contrapartes estadounidenses, hermanados todos en el afán de no poner en peligro la navegación de la barca del capitalismo global porque su hundimiento acarrearía enormes complicaciones para todos. Claro está que aquellas nuevas elites están enfrentadas, dentro de sus países, con fuerzas sociales y políticas de carácter nacionalista, anti-imperialistas e inclusive anticapitalistas cuyo activismo pueden absorber sólo en un contexto de crecimiento y estabilidad económica.

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