Mientras 200 mil hectáreas de bosques chaqueños se volvían ceniza, también va subiendo la temperatura social en Paraguay, con un gobierno acorralado por cotidianas manifestaciones populares que reclaman la destitución del presidente Mario Abdo, quien ahora amenaza sacar al Ejército a la calle para reprimir a la población.
Hay gran preocupación en todos los sectores por el deterioro acelerado y creciente de la situación económico social, con una caída del 40 por ciento del mercado interno y del empleo, y una morosidad crediticia del 70 por ciento, gracias a la aplicación de las medidas neoliberales por parte del gobierno de Mario Abdo.
Pero preocupa aún más es el proyecto del gobierno de sacar el ejército a las calles con la excusa de velar por la seguridad ciudadana, sustituyendo la labor policial. Los analistas interpretan esta medida como una innovación estratégica del Pentágono para contrarrestar cualquier asomo de políticas con sensibilidad social.
Hasta la policía nacional se ha visto amenazada y ha salido a las calles a protestar. Los familiares de los policías y personal en retiro lanzaron un manifiesto –por primera vez en la historia- convocando a cerrar las principales rutas nacionales, y difundiendo un manifiesto político inédito en la historia de esa institución, de ciega tradición obsecuente al gobierno de turno.
Pero no sólo es la policía la que sale a la calle a protestar contra el gobierno. Estudiantes, funcionarios públicos, gremios docentes, la Universidad Nacional de Asunción, que dirige el Hospital de Clínicas, sindicatos urbanos, campesinos organizados, que vienen ocupando las calles de las principales ciudades exigiendo el juicio político para los principales jerarcas gobernantes, acusados de corrupción sistemática.

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