En Uruguay, la campaña para las elecciones presidenciales del 27 de octubre, comenzó a tomar calor con el advenimiento de la primavera, y tiende ya a presentarse como un contrapunto entre la alianza de centroizquierda Frente Amplio y el derechista Partido Nacional (PN), mal que les pese a otros partidos y a las encuestadoras.
Quizá algún otro candidato pueda dar un golpe de timón y lograr un gran repunte, pero la percepción generalizada es que la disputa por la presidencia será una vez más entre esos dos partidos, y este hecho puede pesar de modo irreversible en las decisiones de los votantes. El Frente Amplio va por su cuarto gobierno nacional consecutivo: la duda es si logrará mayoría absoluta en primera vuelta.
A 35 días de las elecciones nacionales, el Frente Amplio (FA) organizó en la zona de la playa Ramírez montevideana un “BanderOlazo”, en un juego de palabras con los tradicionales “banderazos” organizados por las redes frenteamplistas y el eslogan de la “ola esperanza” de la coalición. Miles de personas se concentraron en la rambla del Parque Rodó en espera del despliegue de la bandera de 250 metros, confeccionada por las costureras del Parque Tecnológico Industrial del Cerro para esta oportunidad.
El Frente Amplio lleva 15 años ininterrumpidos de gestión: más de lo que gobernó el kirchnerismo en la Argentina y el Partido de los Trabajadores en Brasil. La primera razón de su estancamiento electoral es el desgaste por el ejercicio del poder y no haber construído (o haber impedido que se consolidaran) nuevos liderazgos partidarios

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