dissabte, 26 d’octubre del 2019

Silencio, las urnas hablan: Argentina elige a su nuevo presidente


Sucedió; aquello que generó cálculos dignos del premio Nobel, sobre techos imposibles de perforar y malestares populares inexistentes, pasó el 11 de agosto pasado, cuando el Frente de Todxs construido por Cristina Fernández de Kirchner y Alberto Fernández arrasó en las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias. Le sacó 16 puntos de ventaja a la alianza oficialista  de Mauricio Macri, la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica y remachó su perfomance con los 18 puntos con los que Axel Kicillof superó a la gran esperanza opositora, la gobernadora de la provincia de Buenos Aires María Eugenia Vidal.

Los porcentajes 47,78 a 31,79 nacionales y  52,74 a 34,54 provinciales sellaron la suerte del proceso iniciado en diciembre de 2015. Las “primarias” se constituyeron en una primera vuelta de resultado irreversible, catapultaron a Alberto Fernández hacia la Presidencia de la Nación, aún sin haber sido elegido formalmente y abrieron un camino tortuoso de 11 semanas de doble comando, con un Presidente en ejercicio que abandonó el timón del Estado y se dedicó a consolidar su núcleo más duro , más antiperonista, represivo y discriminador.




Desde Japón el presidente de Brasil, Mesías Bolsonaro, en una nueva intromisión en los asuntos internos de la Argentina, amenazó con suspender al país del Mercosur si gana Alberto Fernández y decide proteger los intereses de la producción nacional. Afirmó que «Lo que nosotros queremos es que Argentina continúe en el tema comercial en caso de que la oposición venza, de la misma forma de (el presidente Mauricio) Macri. En caso contrario, podemos reunirnos con Uruguay y Paraguay”, para decidir su expulsión del órgano subregional.

 A pesar de todo, también se llegó a este 27 de octubre que parecía una fecha del siglo venidero. En las últimas horas de ese domingo arrancará la verdadera “transición”, en realidad el tiempo del traspaso, ya no de una banda presidencial sino de la botonera de control del aparato del Estado que, desde el 10 de diciembre de 2015, estuvo en manos de centenares de representantes de empresas trasnacionales, estadounidenses y europeas, grupos económicos oligárquicos y de las fundaciones que generan los papeles sobre los que el oficialista PRO y sus técnicos justificaron las  decisiones que llevaron al país al hambre, lo hundieron en la desocupación, la indigencia y la pobreza y, finalmente, con fuerza de bumerán, sepultaron sus propias chances electorales.

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