dimarts, 26 de novembre del 2019

Carta a los intelectuales que menosprecian las revoluciones en nombre de la pureza


Las revoluciones no suceden de repente, ni tampoco transforman una sociedad de inmediato. Una revolución es un proceso que se mueve a diferentes velocidades y cuyo ritmo puede cambiar rápidamente si el conflicto de clases se intensifica y acelera el motor de la historia. Pero generalmente la construcción del momentum, o impulso, revolucionario es lento, y los esfuerzos para transformar un Estado y una sociedad pueden ser incluso más lentos.




El ritmo de la Revolución

A dos años de la Revolución rusa, Lenin escribió que la recientemente creada URSS no es un “talismán que hace milagros”, ni pavimenta el camino al socialismo. Le da a aquellos que habían sufrido opresión la oportunidad de ponerse de pie y “de tomar control del conjunto del gobierno del país, del conjunto de la administración de la economía y del conjunto del manejo de la producción”.

Pero incluso eso -el conjunto de esto y el conjunto del otro- no iba a ser fácil. Lenin escribió: “Es una larga, difícil y tenaz lucha de clase, la cual no desaparece ni después de derrocar el gobierno capitalista ni después de destruir el Estado burgués… no desaparece, solo cambia sus formas y en muchos sentidos puede volverse más feroz”. Esta era la conclusión de Lenin después de tomar el poder zarista y después de que el gobierno socialista haya comenzado a consolidarse en el poder.

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