Son Nigeria, Egipto, Sudáfrica y Etiopía, con una gran influencia en sus respectivas regiones. Excepto Sudáfrica, frenada en los últimos años por la corrupción, el resto han experimentado grandes crecimientos económicos, aunque mantienen altos niveles de paro y pobreza
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| La industria está creciendo en África |
Dos tendencias definirán el futuro de África en los próximos cincuenta años.
La primera es demográfica. Según las proyecciones de las Naciones Unidas, en el año 2100 la población de África habrá alcanzado los 4.300 millones de personas. Si bien se estima que el crecimiento demográfico se producirá en buena parte del continente, el grueso del crecimiento estará encabezado por cuatro países.
En el 2100 Nigeria, la República Democrática de Congo, Etiopía y Tanzania tendrán poblaciones de 700, 350, 280 y 270 millones de personas, respectivamente.
La segunda tendencia es económica. Las economías africanas se enfrentan a una transformación estructural, puesto que pasarán de ser en buena medida agrarias a estar impulsadas por los sectores de los servicios y la manufactura. En el África subsahariana, la contribución de la agricultura, la pesca y la silvicultura, como porcentaje de la producción bruta (PIB), ha disminuido de manera constante en las últimas tres décadas: de un 21% en 1988 a un 15,8% en 2017. Es probable que esas tendencias se aceleren con una urbanización continuada.
Para una valoración plena de las consecuencias de esas dos tendencias es importante centrarse en unos pocos casos centrales entre los 54 estados africanos. Estos países son Nigeria, Egipto, Etiopía y Sudáfrica, y tienen importancia no sólo por su tamaño demográfico y económico, sino por su influencia en las subregiones de África.

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