“Esta lucha es por cambios estructurales profundos”, nos dice un joven manifestante.
Lo que las nuevas generaciones han puesto sobre la mesa es en definitiva la idea de poner fin al modelo económico neoliberal capitalista en Chile. Estos han dicho basta a más de 45 años de lenguaje y discursos difusos, ambiguos, por parte del Estado y el empresariado, y que les ha permitido durante años adormecer a gran parte de los chilenos, para así mantener en marcha un modelo económico y político perverso, que ve el desarrollo de un país solo desde la perspectiva del crecimiento macroeconómico.
Piñera y su manera economicista de ver las cosas, lo ha vuelto inoperante como presidente. Su tozudez de empresario lo tiene hoy frente a un modelo fracasado, pero que a él y al uno por cientos de familias poderosas, les ha otorgado grandes ganancias. Sin nombrar al resto de los empresarios, que tienen una muy buena tajada de la torta neoliberal.
Durante más de 40 años Chile ha sido saqueado por grandes grupos económicos nacionales y extranjeros, que han visto en este modelito la oportunidad de obtener suculentas ganancias a expensas de los recursos naturales y mano de obra barata. Para muchos especialistas en materia económica, lo que vive Chile y gran parte de la región es el robo permanente al que ha sido sometida América Latina durante siglos, es una reconquista o recolonización por parte de empresas extranjeras, muchas de ellas venidas desde Europa, las que han visto en Chile la oportunidad de realizar grandes negocios e inversiones, para luego obtener jugosos beneficios y utilidades.

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