dissabte, 7 de desembre del 2019

Discapacidades invisibles: ellos no lo son


Salen a la calle entre patinetes, empujones y malas caras; esas que se gasta mucha gente cuando va a lo suyo sin preguntarse quién está al lado. Entre el devenir está sortear no solo los obstáculos de la vida sino esos otros intangibles que tienen que ver con las personas. Son las discapacidades invisibles, esas que no vemos pero que hacen invisibles a las personas que las tienen y ellas, no lo son.


Faltas de respeto, faltas de consideración, discriminación entre iguales y lo que es peor, ninguneo por parte de muchos que saben qué les pasa pero prefieren cruzarse de acera porque si no, se ven obligados a ayudar. Esas personas necesitan de los demás para poder coger un autobús, para entender qué número dice si es un turno si no oyen, para comprender lo que pone si tienen una discapacidad intelectual. Y el resto, los que van a su bola, no reparan en las necesidades del otro hasta que llega el tío Paco con las rebajas. Las personas con discapacidad no se acostumbran a haber perdido. No superan, no logran, no alcanzan, no están habituados a estar así como una conocida me espetó una vez; ya se habrá acostumbrado, ¿no?.

Ciertamente no les queda más remedio que sobrevivir y por ello, lo que otros llaman costumbre o superación para ellos es normal levantarse y no distinguir, no escuchar, no poder hacer lo que tú y yo, ni siquiera reparamos. Porque en las cosas de la vida, si tienen que ver con la salud y a mi no me toca ni a los míos tampoco, ¡ande yo caliente, ríase la gente!

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