Lo que estamos viviendo en el planeta con la pandemia del coronavirus no es una guerra, es una catástrofe sanitaria que tiene consecuencias diversas y gravísimas en cada país en función de la degradación de los servicios públicos, y de los hospitales especialmente, provocada por las políticas antisociales de los respectivos gobiernos en el poder.
Pero me limitaré aquí a la situación en Francia y en Europa, en donde la abyecta actitud de países como Polonia, Hungría, Chequia u Holanda, y la actitud de la Comisión Europea en Bruselas, muestran el fracaso de la Europa de los veintisiete, incapaz no ya de anticipar la pandemia, sino de proponer una acción común sanitaria para yugularla.
Vergüenza europea también en la gestión de los flujos migratorios.
Con el coronavirus y la muerte de miles de personas ha muerto también la Europa de Maastricht. Habrá que construir una nueva Europa social y generosa al salir de esta pandemia que pone al desnudo la mentira del dogma liberal. Reforzar y consolidar cada Estado Nación contra el poder abusivo de las multinacionales aparece como una urgencia absoluta.

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