Un donativo chino que no pudo llegar a Cuba para combatir la COVID-19 nos ha hecho recordar los hechos del bloqueo contra la salud del pueblo
La noticia del 1ro. de abril, inaudita por su brutalidad, activaba aún más un sentimiento que nos permea desde hace 60 años, el rechazo al bloqueo y la decisión de resistir a las presiones de Washington: la administración de Donald Trump impidió a la empresa china Alibaba —que actuaba bajo la premisa «Un solo mundo, una sola lucha»— hacer llegar a nuestro país un donativo para combatir la COVID-19.
El embajador de Cuba en China, Carlos Miguel Pereira, denunciaba: «El noble, descomunal y encomiable esfuerzo del fundador de Alibaba y de la Fundación Jack Ma, que había logrado llegar a más de medio centenar de países en todo el mundo, no pudo tocar suelo cubano, sin importar cuán necesarios podían ser esos recursos en apoyo a la batalla que libra la pequeña isla antillana asediada y bloqueada». La razón simple y criminal: la firma estadounidense contratada para transportar hacia la Isla un lote de mascarillas faciales o nasobucos y kits de diagnóstico del letal coronavirus, renunció a cumplir el encargo porque las leyes del bloqueo se lo impedían.
No es ningún secreto que desde que asumió la presidencia Trump ha endurecido las medidas genocidas y hace caso omiso a todas las veces que la comunidad internacional, reunida en la Asamblea General de la ONU, ha condenado el bloqueo. De igual manera actuó ahora, aun cuando se han multiplicado las voces que le piden levantar bloqueos y sanciones por razones humanitarias en medio de la pandemia, no solo contra Cuba, también contra Venezuela e Irán, este último uno de los países con mayor índice de enfermos y fallecidos por la COVID-19.

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