dilluns, 11 de maig del 2020

El mañana es hoy


La raza humana demuestra su fragilidad cíclicamente. La naturaleza en su evolución o la ciencia del ser humano en su conformación, la ponen en vilo y se cobran la dificultad para superar situaciones inéditas. Hablamos desde las catástrofes terráqueas como el diluvio –por más esotérico que parezca- hasta las erupciones volcánicas, temblores de magnitud superior, huracanes, tsunamis y otras expresiones con que nuestro planeta nos muestra que aún está vivo y en constante transformación.




Pero hay otros fenómenos que son producto del accionar humano, del desarrollo de la ciencia y la tecnología mismas, que se centran en el bien estar de quienes las poseen para vivir en el confort más completo, sin importar que ello representa la afectación de los mares, la corrupción del aire que respiramos y el socavamiento de la tierra para extraerle sus elementos que la integran, pero que en su uso descontrolado provocan catástrofes menos visibles en su evolución, pero que a la larga afectan mayormente a la Tierra, el único vehículo en que circula la vida conocida.

Las afectaciones a nuestro planeta tienen una secuencia que se inicia hace milenios y van creciendo conforme la población humana aumenta y se distribuye por continentes y territorios. Junto a ello viene la evolución en su búsqueda de bienestar, factor que muestra diferenciaciones en trato a diversos grupos.
Unos, los dueños del capital en todas sus manifestaciones, culturas, pueblos y comunidades en general, logran un confort en veces excepcional, pero causando graves estragos a la conformación físico-biológica-ambiental de la superficie en que habitan, terminando cada vez más con especies vegetales y animales, incluso grupos humanos cercanos a las explotaciones de hidrocarburos y minerales, quienes sufren de enfermedades que alteran su hábitat y acortan sus vidas.

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