dimarts, 5 de maig del 2020

¿El principio del fin del petróleo?: La energía en un mundo posterior a la pandemia


Tómense un respiro y, en medio de todas las malas noticias que llegan sobre una pandemia mundial mortal, consideren esto: cuando se trata de energía, lo que se esperaba que tardara al menos dos décadas en el escenario más optimista de la AIE, puede ocurrir ahora en solo unos pocos años. Sucede que el impacto de la Covid-19 está remodelando la ecuación energética mundial, junto con muchas más cosas, de maneras inesperadas.

Que la energía se vea fuertemente afectada por la pandemia no debiera sorprendernos. Después de todo, el uso de combustibles está estrechamente alineado con la actividad económica y la Covid-19 ha dejado en suspenso gran parte de la economía mundial. Con fábricas, oficinas y otros negocios cerrados o apenas funcionando, naturalmente hay menos demanda de energías de todo tipo. Pero los impactos de la pandemia van mucho más allá de eso, ya que nuestros principales mecanismos para afrontarla (distanciamiento social y requisitos para quedarse en casa) tienen implicaciones excepcionales en el consumo de energía.



Entre los primeros y más dramáticos encontramos una disminución asombrosamente profunda de los vuelos, viajes en automóvil y viajes de placer; actividades que justifican gran parte del uso diario de petróleo. Los viajes aéreos en Estados Unidos, por ejemplo, han disminuido en un 95% desde hace un año. Al mismo tiempo, el consumo personal de electricidad para el teletrabajo, la educación a distancia, las conversaciones grupales y el entretenimiento se ha disparado. En Italia, por ejemplo, Microsoft informa de que el uso de sus servicios en la nube para reuniones de equipo, un consumidor voraz de electricidad, ha aumentado en un 775%.


En las profundidades del desastre global, es aún demasiado pronto para hacer predicciones detalladas sobre el panorama energético de las décadas futuras. No obstante, parece que la actual pandemia, aún en momentos de furia, está forzando cambios drásticos en la forma en la que consumimos energía, y que es probable que muchos de estos cambios persistan de alguna manera mucho después de que se haya amansado al virus.

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