El sector de la hostelería enfrenta una crisis económica sin precedentes en las últimas décadas. España, el segundo país del mundo que más turistas recibe, es uno de los más afectados por la crisis sanitaria. Si la situación de las camareras de piso ya era precaria, ahora miles de mujeres temen todavía más los efectos del coronavirus en sus vidas, pero también coinciden en que el panorama se presenta como una oportunidad para transformar el turismo.
Vania Arana ocupa estos días parte de su jornada en hacer cosas de la casa, algo de ejercicio o aprender nuevas recetas pero, probablemente, de no haber logrado aquella victoria hace dos años ahora no podría estar permitiéndose una mínima estabilidad económica y emocional. Arana es una de las camareras de piso incluidas en el expediente de regulación temporal del empleo (ERTE) de su empresa, pero lo es porque en septiembre de 2018 las entonces externalizadas empleadas del Hotel Hilton Diagonal del Mar (Barcelona) lograron que la multinacional que gestionaba el complejo las incorporara a su plantilla. De no haber ejercido presión colectiva entonces, ahora se encontraría en la misma situación de incertidumbre que azota a las camareras de piso en España que han quedado fuera de los ERTE y en la desprotección más absoluta.
No son pocas. En todo el Estado, el sector turístico emplea, de manera directa o indirecta, a 1,4 millones de personas de las cuales casi 400.000 trabajan en los hoteles, según un informe de Comisiones Obreras. El mismo estudio destaca que, entre ellas, casi cuatro de cada diez son personal de piso, la mayoría mujeres. Hay unas 140.000 kellys afectadas, de manera más o menos dramática, por la pandemia, pero la precariedad laboral de estas mujeres —cuyos ingresos suponen, a menudo, un sustento fundamental en las economías familiares— era denunciada mucho antes de la irrupción del covid-19. El virus ha dado la razón a sus argumentos.
Dentro de las camareras de piso, es especialmente grave la situación en la que han quedado decenas de miles de kellys que no han entrado en los ERTE por ser empleadas externalizadas, eventuales o, en algunos casos, fijas discontinuas.

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