El aislamiento está resultando imposible en los hogares en los que conviven de 10 a 15 personas con complicaciones para acceder a productos de básicos de higiene. Un país acostumbrado a encarar desastres humanitarios, hace frente a la crisis sanitaria con especial preocupación por las zonas rurales y por el repunte de la violencia machista.
En condiciones normales esto supone grandes dificultades a la población. La situación se ha agravado desde que el pasado 24 de marzo se impuso el confinamiento por el covid-19 a todo el país, que se mantendrá hasta nuevo aviso. El número de casos es reducido en comparación con otros países. Hasta la fecha se han confirmado solo 59 casos y ninguna víctima mortal. Por ello, muchos temen más la falta de alimentos o productos de higiene que a la propia enfermedad.
Nasreen lleva años trabajando en proyectos humanitarios centrados principalmente en el empoderamiento de las mujeres de las zonas rurales. Su proyecto más consolidado es Local Women Handicrafts (LWH), una tienda de artesanía en Kathmandú, la capital, que da trabajo a más de 100 mujeres cada año
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