Para Rosi Orozco, presidenta de la organización mexicana Unidos contra la Trata, el coronavirus no cambiará el mundo, porque «en los últimos treinta y un años, el mundo se ha reiniciado, al menos, tres veces».
Así, cree que, cuando cayó el muro de Berlín, «una parte del mundo se desgajó para siempre», y cuando las Torres Gemelas en Nueva York fueron derribadas, «el mundo que conocíamos también se hizo polvo».
Para esta luchadora incansable, a partir de entonces, el mundo ha rozado varias veces el botón de reinicio –la guerra en Irak, la crisis financiera del 2008, la primavera árabe– pero sin tocarlo definitivamente… hasta que el 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud «lo presionó con fuerza» al anunciar que la COVID-19 se había vuelto pandemia.
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| Rosi Orozco junto a Norma Bastida, una de las víctima de trata que, hoy, vive libre y feliz |
A partir de esa fecha, el consenso global que ha ido surgiendo es que un nuevo mundo surgirá en automático cuando el enemigo sea vencido, pero ella no lo cree. Está convencida de que el nuevo coronavirus «no cambiará algo».
Consciente de que los lectores puedan extrañarse de esta última afirmación, se explica de la siguiente manera: «La lucha del mundo contra la pandemia de COVID-19 se parece mucho a la pelea global contra otra pandemia, la trata de personas. Ambos son padecimientos que avanzan a gran velocidad en casi todos los países del mundo, cuestan miles de vidas al año, tienen un altísimo costo económico y no distinguen sexo, edad o estatus social de las víctimas. Al igual que el virus, los tratantes de personas se meten bajo la piel y mutan para sobrevivir. Pero si algo hemos aprendido quienes estamos en esas batallas es que, para ganarles, la clave está en reiniciar y empezar desde cero».

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