Los médicos y los políticos que han hechos largos estudios son teóricamente científicos. Pero en la práctica son pocos los que actúan como científicos. En este momento, nadie quiere hacerse responsable de las medidas, supuestamente sanitarias, impuestas a la población –confinamiento, distanciamiento social, uso obligatorio de mascarillas quirúrgicas y de guantes, etc. Todos se esconden tras decisiones de tipo colegial e invocan “la Ciencia” y “el Consenso”.
La epidemia de Covid-19 tomó desprevenidos a los responsables políticos, que habían olvidado su principal función: garantizar la protección de sus conciudadanos.
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Francia: De izquierda a derecha, el ministro del Interior, el primer ministro y el ministro de Salud (los 3 personajes con corbata) anuncian una serie de medidas que violan la Constitución y ceden la palabra al presidente del Consejo Científico sobre el Covid-19 y del Comité Nacional de Ética (al centro, sin corbata) para que aporte su “bendición científica”.
El resultado fue que en Francia –país laico por excelencia– el presidente Emmanuel Macron se rodeó de un Consejo Científico para el Covid-19, conformado principalmente con matemáticos y médicos, bajo la autoridad del presidente del Comité Consultativo Nacional de Ética.
Es de público conocimiento que los científicos no estaban de acuerdo entre sí sobre la manera de enfrentar la epidemia. Por consiguiente, al conformar el «Consejo Científico» se excluyó a los científicos que el gobierno no quería escuchar para dar la palabra únicamente a aquellos cuyo discurso parecía “apropiado”.
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