Las cifras del turismo en España se han celebrado en los últimos años como la final de un mundial. “¡83 millones de visitas en 2019, solo nos gana Francia!”. Parece que no importara nada, nada más: ni el daño y la destrucción del mismo medioambiente que, paradójicamente, es el objeto de la actividad turística, ni los empleos y salarios precarios (un 17,4% inferiores a otros sectores), ni que los efectos del cambio climático se estén sintiendo cada vez más y pongan en riesgo nuestras costas y playas, ni que las grandes empresas turísticas hayan estado operando muy por encima de sus posibilidades…
Tras los devastadores efectos de la pandemia, ahora en España toca reactivar la economía. Uno de los sectores a los que más se mira, dado que además estamos entrando en la época de veraneo, es el del turismo. Hay muchas posibilidades de que la tentación sea centrarse en el corto plazo y retomar ese turismo que es “bueno y punto y me da igual lo que le pase al medioambiente” para salvar los muebles.
Toca darle la vuelta al turismo para no volver a cometer los errores del pasado.
El turismo como monocultivo no aporta riqueza ni empleo de calidad. Eso lo sabemos desde 2008, con el estallido de la burbuja inmobiliaria que terminó de cementar buena parte de nuestra costa.
En España, el Estado todavía no ha anunciado medidas concretas de ayuda al sector, pero ya conocemos, por ejemplo, lo que se quiere hacer en Francia: 18.000 millones para “rescatar” al turismo. Esto significa rescatar a los grandes tour-operadores, que ahora ocupan el lugar que tuvieron los bancos en 2008.
Es decir, dinero público para reflotar a las empresas y no a las personas. Y sabemos también lo que están haciendo varias CC.AA., relajando o eliminando la protección ambiental con la excusa de la reactivación económica.

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