Uruguay mantiene una baja prevalencia sin cuarentena obligatoria en medio de una región que es el nuevo epicentro de la pandemia. Con un amplio consenso político y social, camina hacia la nueva normalidad con algunos peligros al acecho: una porosa frontera con Brasil, hacinamiento en las cárceles y escasos recursos en muchas de sus residencias de mayores.
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La principal avenida montevideana es peatonal cada sábado para reactivar el comercio
América Latina supera ya a Europa y Estados Unidos en número de casos diarios de coronavirus. La OMS ha declarado la región como nuevo epicentro de la pandemia. Mientras sus vecinos escalan hacia el pico de la epidemia, Uruguay transita hacia la nueva normalidad con una curva de contagios aplanada, una letalidad baja (23 fallecidos) y una disminución de casos (casi 900 en total, de los que solo 100 están cursando la enfermedad).
Detectó sus primeros cuatros positivos el 13 de marzo y el mismo día declaró la emergencia sanitaria. Para contener el virus, que entró en avión y se diseminó en una boda con invitados de clase alta, se aplicó el martillo. Hasta el paciente número 200, el foco se localizaba en uno de los barrios más ricos de Montevideo.
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