dijous, 5 de novembre del 2015

El signo mercancía: la marca ficticia

El valor ficticio de la marca enmascara una apropiación de la capacidad creativa del trabajo humano




No hay modo de diferenciarlos. En numerosas ocasiones, ni siquiera los directores técnicos de las empresas concernidas son capaces de distinguir entre un producto original y otro falsificado. Y es que, en algunos casos extremos, la diferencia entre los dos sólo proviene de la hora y las circunstancias en que el producto sale de la fábrica de la empresa propietaria de la marca: a plena luz del día en lo referente al producto original y por la noche y a escondidas cuando se trata de idéntico producto, cuya “falsedad” reside en el hecho puramente circunstancial de que su destino son mercados paralelos.

La razón de esta incapacidad de distinguir lo verdadero de lo falso es bien simple: cuando la diferencia entre ambos se basa en una entidad plenamente inmaterial y construida de los pies a la cabeza como es la marca, la realidad del producto queda en absoluto segundo plano. Y de este modo, cualquier producto queda legitimado a los ojos del consumidor, con independencia relativa de su calidad real y de su procedencia más o menos espuria, siempre que ostente bien visible la enseña de una marca prestigiada.

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