Mientras en Davos el poder económico hegemónico mundial se ratifica a sí mismo, a muchos kilómetros Evo Morales cumple diez años como Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia. Pocos hubieran imaginado que aquel dirigente sindical, luchador contra la hegemonía neoliberal, tras varios lustros, hoy es el mismo que lidera una década ganada del gobierno de la Revolución Democrática y Cultural en el país andino.
No fue fácil llegar hasta aquí. Fueron necesarios muchos años de luchas y firmeza en este ciclo político de transformaciones históricas que continua en pleno desarrollo en Bolivia. Evo luchó contra la injerencia constante del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, participó activamente en las continuas demandas que el pueblo boliviano realizó en tiempo de la larga y fría noche neoliberal, defendió la soberanía de los recursos naturales (gas, agua, coca) como el que más. Así llegó a ser elegido en el año 1997 (por el 70% de los votos) como diputado. En el 2002, se presentó como candidato presidencial quedando en segundo lugar. Luego, a finales del año 2005, definitivamente Evo fue electo como Presidente por mayoría absoluta (53,74%) y fue investido el 22 de Enero del 2006. Así, Bolivia por primera vez en su historia tuvo a un Presidente que se parecía a su pueblo.
Desde entonces, hasta la actualidad, Evo tuvo que sortear los obstáculos y dificultades propios de cualquier transición entre una vieja hegemonía que se acaba y otra nueva que emerge sólidamente. En este camino, la Asamblea Constituyente fue indudablemente uno de los pilares fundamentales para la refundación del nuevo Estado. Evo cumplió desde un primer momento con esta promesa al promulgar (en Marzo del 2006) una ley especial de convocatoria para una Asamblea Constituyente que se acabó instalando el 6 de agosto de ese primer año de gobierno

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