La política se está saliendo de cauce. Esto ya no es política, es otra cosa. Es algo desagradable, fatigoso, asfixiante, nauseabundo. Con perdón de algunos políticos que se esfuerzan en no seguir la tropa.
Lo vemos cada día, principalmente en los últimos años, meses ir semanas, y nos hastía a todos. Crea una sensación de ahogo, de crispación y de ganas de refugiarse en el silencio. Y que sea lo que Dios quiera, o no quiera.
La del sentido común, de la ética personal y colectiva, la del sentido de servicio, para desparramarse por los espacios de la estupidez, del robo individual o ciudadano, para servirse de ella para el medro personal.
La competencia de ideales se torna en lucha de intereses. A todos los niveles. Para ello ya no se respetan las normas más elementales de la convivencia, las grandes leyes democráticamente aprobadas o limpiamente consensuadas –dentro de la relatividad de las cosas humanas-, ni las reglas de juego establecidas para cambiarlas.

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