Mi primera reacción ante la noción de renta básica universal (RBU) fue: “Pero vamos a ver, en serio ¡eso nunca va a suceder! Quiero decir, es completamente inalcanzable. Proponerlo sería un suicidio político para cualquier partido progresista”. Después empecé a rabiar y a preguntarme si también se la darían a los refugiados.
Este año, sin embargo, se va a poder dar testimonio de una RBU pagada a los residentes de Utrecht y de 19 otras municipalidades holandesas. Todo el mundo recibirá unos 200€ a la semana, tanto si trabajan como si no. Los desempleados no se verán penalizados por buscar trabajo, y se espera que el Estado acabe gastando menos dinero para inspeccionar a los demandantes de subsidios, dispersar vagabundos o encerrar a los que se ven empujados al crimen. Los defensores de esta idea radical están ansiosos de invalidar cualquier noción según la cual los receptores de ese dinero gratis lo usarían para pasarse todo el día mirándose el ombligo y colocándose. Por eso se hará una prueba piloto en Holanda.

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