divendres, 19 de febrer del 2016

Cuando no quedan por perder más que las cadenas




Durante la Edad Media, la humanidad vivió enajenada por el pensamiento mágico-religioso que, en algunas interpretaciones, negaba la libertad y la responsabilidad de las personas sometidas a la dictadura de las castas y de los privilegios feudales. El Renacimiento y la Ilustración vinieron al rescate de los seres humanos en nombre la Razón; pero sus sueños produjeron monstruos cristalizados en concepciones de la vida inhumanas por totalitarias.

El individualismo más atroz nos ha desarraigado de nuestras señas de identidad como personas. Nos hacen olvidar que vivimos para ser felices; único sentido de la existencia. Ser nosotros mismos en relación con los demás parece obsceno porque las pautas del mercado establecen que pensar, atreverse a saber y a hacer, discernir, salirse de la rueda de presos consumidores, es pecado. Si el fin justifica los medios la guerra es el lógico instrumento de esta idolatría.

Es preciso organizarnos como resistencia y rebelarnos. Denunciar la injusticia social y echar del poder a quienes lo detentan. No es viable un modelo basado en las armas, la explotación de recursos y la deshumanización. Una sociedad global, en la que nos sabemos vecinos responsables, sólo puede fundamentarse en la solidaridad y esta es una de las más cuerdas razones de esa sociedad de sobriedad compartida que muchos ya buscamos.

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