dilluns, 13 de juny del 2016

Los silencios del derecho y la memoria democrática

El reciente episodio sobre el monumento franquista de Tortosa vuelve a poner de manifiesto cómo el nacionalismo franquista más banal sigue muy presente en nuestra cultura política y jurídica. 



Llueve sobre mojado. En Tortosa el gobierno municipal organiza una consulta sobre el futuro de un monumento que debería haber sido retirado hace años. En buscadores de internet se ofrece a los turistas una habitación en la hospedería de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. El ministro del Interior utiliza ese mismo lugar para meditar. El Ministerio de Defensa homenajea a un aviador franquista.

Son noticias recientes que indignan a unos y que pasan desapercibidas para muchos. El denominador común es sin duda la naturalización del franquismo: la aceptación de la dictadura de cuarenta años y sus símbolos como natural y normal, junto con la percepción de la guerra civil como un “conflicto entre iguales” en el que “todos cometieron errores”. Se trata de un proceso que afecta a la sociedad y que se tolera, cuando no se impulsa, desde las instituciones pública

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